Destructiva belleza
León Felipe Girón
La bella Angelina Jolie destruyó el matrimonio Pitt-Aniston con relativa facilidad, posando esos místicos ojos verdes sobre el codiciado galán. Así de sencillo.
Esa es la mejor comparación con el swing de Ken Griffey Jr, hermoso, armónico, capaz de detener el tiempo. Pero mortal por necesidad.
Dos ejemplos de como la belleza puede ser tan destructiva.
El swing perfecto de Junior ha destrozado ya 551 esféricas, el onceavo mejor jonronero en la historia, y sin duda el número uno en cuanto a elegancia se refiere.
Ver un turno al bat del jardinero central de los Rojos de Cincinnati, es poesia en movimiento, un ritmo celestial de armonía, de paz... de poder.
Pero Junior así como ha infundido el temor en 350 lanzadores distintos, a los que les ha desaparecido la pelota del parque, también tiene sus propias pesadillas, específicamente en la parte baja del cuerpo. Sus piernas.
Puede llegar a ser inconcevible como un destructor se pueda autodestruir. Como alguien de forma tan atlética, fuerte por naturaleza, tenga unas piernas tan frágiles. Tan débiles que no han podido cargarlo en su camino a la historia.
Su llegada a Cincinnati, en 2000, era el panorama perfecto para que Junior siguiera su búsqueda hacia el liderato histórico de cuadrangulares, jugando en el equipo de su ciudad, con la franquicia con la que su padre fue campeón y aceptando menos dinero que el ofrecido por otras novenas con tal de sentirse en casa.
Esa primera campaña fue solo de alegrías, para él y sus seguidores, 40 jonrones, 118 carreras impulsadas que eran una excelente continuación a los 398 palos de vuelta entera que había pegado en sus 11 campañas con los Marineros de Seattle.
Con 438 jonrones de por vida y apenas 30 años de edad, el futuro era promisorio para el nativo de Donora, Penssylvania (mismo lugar de nacimiento del legendario Stan Musial). Pero sus rodilas, cuadriceps femoral, hombro, y demás dolencias hicieron que se topara con una pared.
En las siguientes cinco campañas con Cincinnati, Junior apenas jugó un promedio de 89 juegos por calendario, y su total de jonrones fue de 98, menos de 20 por año.
Fue entonces que su lugar en la historia cambió. De temible cañonero, a perene lesionado; un pelotero que ni siquiera podías cambiar, por que a sus 36 años, estaba acabado.
En 2005 ese dulce swing, esa hambre de triunfo y su inconfundible presencia en el jardín central (10 guantes de oro), regresaron. Y en esta campaña, claro después de su ya tradicional paso por la lista de lesionados, Ken Griffey Jr, no para. Son sólo 12 jonrones de distancia con Reggie Jackson en el décimo sitio de todos los tiempos, que en realidad es el sexto mejor entre los peloteros libres de sospechas (Barry Bonds, Mark McGwire, Sammy Sosa y Rafael Palmeiro engalanan la lista de los acusados).
Son ya casi 2200 juegos de espectaculares lances, cuadrangulares robados, garra, entrega, carisma, y el más dulce swing.
Gracias Junior.

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