El chivo expiatorio
León Felipe Girón
Si. Alex Rodríguez es el peor jugador del mundo. Un pelotero que no podría definir un encuentro aunque la vida le fuera en ese turno al bat.
Eso, es lo que piensan todos los aficionados de los Yanquis de Nueva York en este momento, y su .086 sin jonrones ni producidas podrían respaldar esas creencias.
Pero la verdad, la culpa no es de A-Rod, ni de los Yanquis. La culpa es de todos y de nadie. De sus aficionados, la prensa, Joe Torre y Derek Jeter. O tal vez si sea del antesalista.
Prensa y aficionados se encargaron que el idiolo A-Rod-Yanquis fracasara como cualquier noviazgo de Hollywood. Se encargaron de ponerle presión a alguien que no la necesita.
Exigieron que sus 40 cuadrangulares y 120 producidas vinieran siempre con el juego en la línea. Que brille defensivamente en una posición que no es la suya y que sólo por el bien del equipo (en ese caso la culpa es del Gerente Brian Cashman por tener dos shortstops en un equipo).
Si. Alex Rodríguez conectó un imparable en toda la serie de postemporada. Derek Jeter tuvo ocho.
La prensa siempre dijo que los 35 jonrones y 121 impulsadas de Rodríguez vinieron en juegos ya definidos. Partidos sin importancia.
Mientras tanto su querido Capitán America, el perfumado parador en corto de la franquicia más grande del deporte, siempre respondió. Sus números lo respaldan y es candidato a Jugador Más Valioso de la Liga Americana.
Jeter comenzó la serie ante Detroit respondiendo a su reputación, con cinco imparables, un jonrón y cargando en su lomo la esperanza de los millones de fanáticos.
¿Y en los siguientes tres? DESAPARECIÓ.
Como lo hizo el resto de la ofensiva neoyorquina. Ninguno de los temibles cañoneros, llámense Jason Giambi, Gary Sheffield o Hideki Matsui, pudieron ante los lanzamientos de un novato (Justin Verlaander), un viejito (Kenny Rogers) y un pitcher más bien promedio (Jeremy Bonderman).
Entonces, ¿es Alex Rodríguez el culpable de la ignominia Yanqui?
No.
Nadie es perfecto, el cañonero más grande de su era, Barry Bonds, bateó .195 con 1 jonrón y cinco producidas en 27 juegos de playoffs antes de comenzar el camino hacia su primera Serie Mundial, la cual no ganó.
Al igual que A-Rod, sigue esperando su primer campeonato, sus números en playoffs son mejores que los de Bonds, por mucho: .280 con seis vuelacercas y 16 remolcadas.
Así que aficionados de los Yanquis deberían dejar en paz a su mejor jugador y enfocar sus críticas hacia un capitán que nunca lo defendió, a los millones de dólares debajo de los colchones de Carl Pavano y Kevin Brown o la ineficacia del resto de su equipo por darle la oportunidad a A-Rod de que trascienda.
Si. Alex Rodríguez es el peor jugador del mundo. Un pelotero que no podría definir un encuentro aunque la vida le fuera en ese turno al bat.
Eso, es lo que piensan todos los aficionados de los Yanquis de Nueva York en este momento, y su .086 sin jonrones ni producidas podrían respaldar esas creencias.
Pero la verdad, la culpa no es de A-Rod, ni de los Yanquis. La culpa es de todos y de nadie. De sus aficionados, la prensa, Joe Torre y Derek Jeter. O tal vez si sea del antesalista.
Prensa y aficionados se encargaron que el idiolo A-Rod-Yanquis fracasara como cualquier noviazgo de Hollywood. Se encargaron de ponerle presión a alguien que no la necesita.
Exigieron que sus 40 cuadrangulares y 120 producidas vinieran siempre con el juego en la línea. Que brille defensivamente en una posición que no es la suya y que sólo por el bien del equipo (en ese caso la culpa es del Gerente Brian Cashman por tener dos shortstops en un equipo).
Si. Alex Rodríguez conectó un imparable en toda la serie de postemporada. Derek Jeter tuvo ocho.
La prensa siempre dijo que los 35 jonrones y 121 impulsadas de Rodríguez vinieron en juegos ya definidos. Partidos sin importancia.
Mientras tanto su querido Capitán America, el perfumado parador en corto de la franquicia más grande del deporte, siempre respondió. Sus números lo respaldan y es candidato a Jugador Más Valioso de la Liga Americana.
Jeter comenzó la serie ante Detroit respondiendo a su reputación, con cinco imparables, un jonrón y cargando en su lomo la esperanza de los millones de fanáticos.
¿Y en los siguientes tres? DESAPARECIÓ.
Como lo hizo el resto de la ofensiva neoyorquina. Ninguno de los temibles cañoneros, llámense Jason Giambi, Gary Sheffield o Hideki Matsui, pudieron ante los lanzamientos de un novato (Justin Verlaander), un viejito (Kenny Rogers) y un pitcher más bien promedio (Jeremy Bonderman).
Entonces, ¿es Alex Rodríguez el culpable de la ignominia Yanqui?
No.
Nadie es perfecto, el cañonero más grande de su era, Barry Bonds, bateó .195 con 1 jonrón y cinco producidas en 27 juegos de playoffs antes de comenzar el camino hacia su primera Serie Mundial, la cual no ganó.
Al igual que A-Rod, sigue esperando su primer campeonato, sus números en playoffs son mejores que los de Bonds, por mucho: .280 con seis vuelacercas y 16 remolcadas.
Así que aficionados de los Yanquis deberían dejar en paz a su mejor jugador y enfocar sus críticas hacia un capitán que nunca lo defendió, a los millones de dólares debajo de los colchones de Carl Pavano y Kevin Brown o la ineficacia del resto de su equipo por darle la oportunidad a A-Rod de que trascienda.

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